La fundación de la Unión Europea por medio del Tratado de Maastricht inauguró una nueva
etapa en el camino hacia la integración política de Europa. Este Tratado, que fue firmado el 7 de
febrero de 1992 en Maastricht, pero que no entró en vigor hasta el 1 de noviembre de 1993 debido
a algunos obstáculos en el procedimiento de ratificación (aprobación del pueblo danés en un
segundo referéndum, recurso de inconstitucionalidad en Alemania por la ratificación
parlamentaria del Tratado), se autodefine como «una nueva etapa en el proceso creador de una
unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa». Contiene el acto fundacional de la
Unión Europea, aunque sin llegar a su completo desarrollo. La Unión Europea no vino a sustituir
las Comunidades Europeas, sino que las combinó con nuevas políticas y formas de cooperación
bajo una rúbrica común. Metafóricamente hablando, aquello condujo al establecimiento de los
tres pilares sobre los que se asentó la Unión Europea.
El primer pilar lo constituían las Comunidades Europeas: CEE (que pasó a llamarse CE),
CECA (hasta 2002) y CEEA. El segundo pilar consistía en la cooperación de los Estados
miembros en el ámbito de la política exterior y de seguridad común. El tercer pilar se refería a la
cooperación entre los Estados miembros en los ámbitos de la justicia y los asuntos de interior.
La primera evolución de la UE se materializó con el Tratado de Ámsterdam y el Tratado de
Niza, que entraron en vigor el 1 de mayo de 1999 y el 1 de febrero de 2003, respectivamente. El
objetivo de estas reformas era conservar la capacidad de actuación de la UE con vistas a una
ampliación que incorporaría a muchos nuevos Estados miembros. Por consiguiente, ambos
Tratados implicaron, en primer lugar, reformas institucionales, si bien en comparación con
reformas anteriores no destacó la voluntad política de profundización en la integración europea.
Las críticas que ello suscitó impulsaron un debate sobre el futuro de la UE y su configuración
institucional que desembocó en la Declaración sobre el futuro de la Unión Europea, aprobada por
los jefes de Estado o de Gobierno el 15 de diciembre de 2001 en la ciudad belga de Laeken. En
dicha Declaración, la UE se comprometió a ser más democrática, transparente y eficaz, y a abrir
el camino a una Constitución.
Como primer paso para la puesta en práctica de estos objetivos, se encomendó a la llamada
«Convención sobre el futuro de Europa», presidida por el antiguo presidente francés Valéry
Giscard d’Estaing, la elaboración de una Constitución Europea. El proyecto del Tratado por el
que se establece una Constitución para Europa, elaborado por la Convención, se entregó
oficialmente al presidente del Consejo Europeo el 18 de julio de 2003, y los jefes de Estado o de
Gobierno lo adoptaron con algunas modificaciones los días 17 y 18 de julio de 2004 en Bruselas.
• Intento fallido de la Constitución Europea: votan en contra Francia y Países Bajos.