Sentido y Sensibilidad, una novela de Jane Austen, explora las vidas de las hermanas Dashwood, Elinor y Marianne, tras la muerte de su padre. Ambientada en el siglo XIX en Inglaterra, la historia aborda temas de amor, matrimonio y las diferencias entre la razón y la emoción. A través de sus experiencias, las hermanas enfrentan desafíos sociales y personales que reflejan las expectativas de la época. Este clásico literario es esencial para los amantes de la literatura romántica y aquellos interesados en la crítica social de Austen. La obra ofrece una profunda reflexión sobre las relaciones humanas y la búsqueda de la felicidad en un mundo lleno de restricciones.

Key Points

  • Explora la vida de las hermanas Dashwood tras la muerte de su padre
  • Aborda el conflicto entre la razón y la emoción en el amor
  • Refleja las expectativas sociales del siglo XIX en Inglaterra
  • Analiza las relaciones familiares y el matrimonio en la época
Alicia Florez
203 pages
Language:Spanish
Type:Book
Alicia Florez
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Jane Austen
Comentario [LT1]:
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CAPITULO I
La familia Dashwood llevaba largo tiempo afincada en Sussex. Su propiedad era de buen
tamaño, y en el centro de ella se encontraba la residencia, Norland Park, donde la manera
tan digna en que habían vivido por muchas generaciones llegó a granjearles el respeto de
todos los conocidos del lugar. El último dueño de esta propiedad había sido un hombre
soltero, que alcanzó una muy avanzada edad, y que durante gran parte de su existencia
tuvo en su hermana una fiel compañera y ama de casa. Pero la muerte de ella, ocurrida
diez años antes que la suya, produjo grandes alteraciones en su hogar. Para compensar tal
pérdida, invitó y recibió en su casa a la familia de su sobrino, el señor Henry Dashwood,
el legítimo heredero de la finca Norland y la persona a quien se proponía dejarla en su
testamento. En compañía de su sobrino y sobrina, y de los hijos de ambos, la vida
transcurrió confortablemente para el anciano caballero. Su apego a todos ellos fue
creciendo con el “tiempo. La constante atención que el señor Henry Dashwood y su
esposa prestaban a sus deseos, nacida no del mero interés sino de la bondad de sus
corazones, hizo su vida confortable en todo aquello que, por su edad, podía convenirle; y
la alegría de los niños añadía nuevos deleites a su existencia.
De un matrimonio anterior, el señor Henry Dashwood tenía un hijo; y de su esposa
actual, tres hijas. El hijo, un joven serio y respetable, tenía el futuro asegurado por la
fortuna de su madre, que era cuantiosa, y de cuya mitad había entrado en posesión al
cumplir su mayoría de edad. Además, su propio matrimonio, ocurrido poco después, lo
hizo más rico aún. Para él, entonces, el legado de la finca Norland no era en verdad tan
importante como para sus hermanas; pues ellas, independientemente de lo que pudiera
llegarles si su padre heredaba esa propiedad, eran de fortuna que no puede considerarse
sino escasa. Su madre no tenía nada, y el padre sólo podía disponer de siete mil libras,
porque de la restante mitad de la fortuna de su primera esposa también era beneficiario el
hijo, y él sólo tenía derecho al usufructo de ese patrimonio mientras viviera.
Murió el anciano caballero, se leyó su testamento y, como casi todos los testamentos,
éste dio por igual desilusiones y alegrías. En su última voluntad no fue ni tan injusto ni
tan desagradecido como para privar a su sobrino de las tierras, pero se las dejó en
términos tales que destruían la mitad del valor del legado. El señor Dashwood había
deseado esas propiedades más por el bienestar de su esposa e hijas que para mismo y
su hijo; sin embargo, la herencia estaba asignada a su hijo, y al hijo de éste, un niño de
cuatro años, de tal manera que a él le quitaban toda posibilidad de velar por aquellos que
más caros le eran y que más necesitaban de apoyo, ya sea a través de un eventual
gravamen sobre las propiedades o la venta de sus valiosos bosques. Se habían tomado las
provisiones necesarias para asegurar que todo fuera en beneficio de este niño, el cual, en
sus ocasionales visitas a Norland con su padre y su madre, había conquistado el afecto de
su tío con aquellos rasgos seductores que no suelen escasear en los niños de dos o tres
años: una pronunciación imperfecta, el inquebrantable deseo de hacer siempre su
voluntad, incontables jugarretas y artimañas y ruido por montones, gracias que
finalmente terminaron por desplazar el valor de todas las atenciones que, durante años,
había recibido el caballero de su sobrina y de las hijas de ésta. No era su intención, sin
embargo, faltar a la bondad, y como señal de su afecto por las tres niñas le dejó mil libras
a cada una.
En un comienzo la desilusión del señor Dashwood fue profunda; pero era de
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temperamento alegre y confiado; razonablemente podía esperar vivir muchos años y,
haciéndolo de manera sobria, ahorrar una suma considerable de la renta de una propiedad
ya de buen tamaño, y capaz de casi inmediato incremento. Pero la fortuna, que había
tardado tanto en llegar, fue suya durante sólo un año. No fue más lo que sobrevivió a su
tío, y diez mil libras, incluidos los últimos legados, fue todo lo que quedó para su viuda e
hijas.
Tan pronto se supo que la vida del señor Dashwood peligraba, enviaron por su hijo y a
él le encargó el padre, con la intensidad y urgencia que la enfermedad hacía necesarias, el
bienestar de su madrastra y hermanas.
El señor John Dashwood no tenía la profundidad de sentimientos del resto de la familia,
pero sí le afectó una recomendación de tal índole en un momento como ése, y prometió
hacer todo lo que le fuera posible por el bienestar de sus parientes. El padre se sintió
tranquilo ante tal promesa, y el señor John Dashwood se entregó entonces sin prisa a
considerar cuánto podría prudentemente hacer por ellas.
No era John Dashwood un joven mal dispuesto, a menos que ser algo frío de corazón y
un poco egoísta sea tener mala disposición; pero en general era respetado, porque se
comportaba con corrección en el desempeño de sus deberes corrientes. De haber
desposado una mujer más amable, podría haber llegado a ser más respetable de lo que era
-incluso él mismo podría haberse transformado en alguien amable-, porque era muy joven
cuando se casó y le tenía mucho cariño a su esposa. Pero la señora de John Dashwood era
una áspera caricatura de su esposo, más estrecha de mente y más egoísta que él.
Al hacer la promesa a su padre, había sopesado en su interior la posibilidad de
aumentar la fortuna de sus hermanas obsequiándoles mil libras a cada una. En ese
momento realmente se sintió a la altura de tal cometido. La perspectiva de aumentar sus
ingresos actuales con cuatro mil libras anuales, que venían a sumarse a la mitad restante
de la fortuna de su propia madre, le alegraba el corazón y lo hacía sentirse muy generoso.
“Sí, les daría tres mil libras: ¡Cuán espléndido y dadivoso gesto! Bastaría para dejarlas en
completa holgura. ¡Tres mil libras! Podía desprenderse de tan considerable suma con casi
ningún inconveniente.” Pen en ello durante todo el día, y durante muchos días
sucesivos, y no se arrepintió.
No bien había terminado el funeral de su padre cuando la esposa de John Dashwood,
sin haber dado aviso alguno de sus intenciones a su suegra, llegó con su hijo y sus
criados. Nadie podía discutirle su derecho a venir: la casa pertenecía a su esposo desde el
momento mismo de la muerte de su padre. Pero eso mismo agravaba la falta de
delicadeza de su conducta, y no se necesitaba ninguna sensibilidad especial para que
cualquier mujer en la situación de la señora Dashwood se sintiera enormemente agraviada
por ello; en ella, sin embargo, había un tan alto sentido del honor, una generosidad tan
romántica, que cualquier ofensa de ese tipo, ejercida o recibida por quienquiera que
fuese, se transformaba en fuente de imborrable disgusto. La señora de John Dashwood
nunca había contado con el especial favor de nadie en la familia de su esposo; pero, hasta
el momento, no había tenido oportunidad de mostrarles con cuán poca consideración por
el bienestar de otras personas podía actuar cuando la ocasión lo requería.
Sintió la señora Dashwood de manera tan aguda este descortés proceder, y tan intenso
desdén hacia su nuera le produjo, que a la llegada de esta última habría abandonado la
casa para siempre de no haber sido porque, primero, la súplica de su hija mayor la llevó a
reflexionar sobre la conveniencia de hacerlo; y, más tarde, por el tierno amor que sentía
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FAQs

¿Cuáles son los principales temas de Sentido y Sensibilidad?
Sentido y Sensibilidad aborda varios temas centrales, incluyendo el amor, el matrimonio, y las diferencias entre la razón y la emoción. A través de las experiencias de Elinor y Marianne Dashwood, la novela explora cómo las expectativas sociales afectan las decisiones personales y las relaciones. También se examina la importancia de la familia y la lealtad, así como las limitaciones impuestas a las mujeres en el siglo XIX. La obra invita a los lectores a reflexionar sobre cómo estos temas siguen siendo relevantes en la actualidad.
¿Quiénes son los personajes principales en Sentido y Sensibilidad?
Los personajes principales de Sentido y Sensibilidad son las hermanas Elinor y Marianne Dashwood. Elinor, la mayor, representa la razón y la moderación, mientras que Marianne encarna la emoción y la pasión. A lo largo de la novela, se encuentran con varios personajes que influyen en sus vidas, como Edward Ferrars, el interés amoroso de Elinor, y John Willoughby, quien cautiva a Marianne. La interacción entre estos personajes revela las complejidades del amor y las relaciones en un contexto social restrictivo.
¿Cómo se desarrolla el conflicto entre razón y emoción en la novela?
El conflicto entre razón y emoción es un tema central en Sentido y Sensibilidad, representado principalmente por las hermanas Dashwood. Elinor, que actúa con lógica y autocontrol, enfrenta su amor por Edward Ferrars con prudencia, mientras que Marianne, impulsiva y romántica, se deja llevar por sus sentimientos hacia Willoughby. A medida que avanza la historia, las consecuencias de sus enfoques contrastantes se hacen evidentes, mostrando cómo la falta de equilibrio entre razón y emoción puede llevar a la desilusión y el sufrimiento. Austen utiliza este conflicto para criticar las normas sociales de su tiempo y resaltar la importancia de encontrar un equilibrio en las relaciones.
¿Qué papel juega la familia en Sentido y Sensibilidad?
La familia juega un papel crucial en Sentido y Sensibilidad, ya que las hermanas Dashwood deben navegar por su nueva realidad tras la muerte de su padre y la pérdida de su hogar. La novela explora las dinámicas familiares, la lealtad y el apoyo mutuo entre las hermanas, así como las expectativas sociales que afectan sus decisiones. La relación entre Elinor y Marianne es fundamental, ya que se complementan y apoyan en sus respectivas búsquedas de amor y estabilidad. Austen destaca la importancia de la familia como un refugio emocional y un sistema de apoyo en tiempos de crisis.
¿Qué crítica social presenta Jane Austen en esta obra?
Jane Austen utiliza Sentido y Sensibilidad para ofrecer una crítica social de las restricciones impuestas a las mujeres en el siglo XIX. A través de las experiencias de las hermanas Dashwood, la novela revela cómo las expectativas sociales y económicas limitan las oportunidades de las mujeres para elegir sus propios destinos. Austen critica la dependencia de las mujeres en el matrimonio como medio de seguridad financiera y social, y muestra cómo la falta de autonomía puede llevar a la infelicidad. La obra invita a los lectores a cuestionar las normas de género y las expectativas de la sociedad de su tiempo.